viernes, 16 de julio de 2021

El Ave Fénix

 




Se la encontraron por la mañana en la bañera, parecía dormida pero estaba muy pálida.

Su compañera de piso se disponía a irse a trabajar y la encontró allí, con la bañera llena de agua roja.

Aparentemente había conseguido empezar desde cero, no tenía por familia más que una tía que vivía lejos, pensaba que con el amor que había encontrado podría ser feliz pero no fue así.

Un alma se cruzó en su camino, un ave que volaba libre, que no quería ataduras pero que la sacaba de su monotonía cada noche, la hacía reír y ella pensaba que no estaba mal lo que hacía hasta que se enamoró en ese mismo momento la cagó porque ya no era dueña de sus sentimientos, de sus pensamientos y sabía que nada tenía que hacer con su ave fénix porque él sabía de su condición y no quería más de ella que una amistad, ¿caricias, besos, abrazos? Quizá también ¿aprovecharse de ella? No… ella era lista y sabía lo que había.

Dejaba volar su imaginación, el corazón se puede partir en tantas mitades como él quiera ya que nadie manda de su propio corazón. Un día lo vio con otra, ella sabía que no era suyo, que era nada más que una fantasía pero aquello le dolió, él creía que estaba celosa, si podría decirse que si peor tenía las ideas claras.

Nadie le dijo que esa ave renacía de sus propias cenizas y que poco le importaba dejar corazones abrasados a su paso.

Se sentía mal, se sentía estúpida por haber creído que su ave se habría quedado con ella para siempre.

Harta, dolida, triste, furiosa… aquel día decidió que ella también quería ser así, libre… preparó su baño favorito con sales aromáticas relajantes de melisa, se estuvo bañando hasta que el agua se quedó fría pero le daba igual, lloró y lloró…

Su ave no sería para ella, ella tampoco sería para nadie, había decidido que era mejor ser como él para evitar sufrir, lo perdió, lo poco que lo tenía, lo perdió por estúpida.
Hoy ella es un ave fénix que renace de sus propias cenizas y hace lo que le hicieron a ella, dejar corazones abrasados a su paso



4/10/2008

Ojos tristes


 

Ojos tristes, es lo que veía cada mañana cuando se miraba al espejo…unos ojos hartos de llorar, hartos de sufrir, unos ojos rojos quizá por no dormir.

Trabajaba de día limpiando casas y de noche escribía, pensaba que iba a ser su escape, sus novelas, esos relatos un poco más largos de lo normal que tanto le gustaba escribir, que tanto le ayudaban a olvidarse de su vida. Era una chica joven pero con un carácter marcado por las desgracias…

Carlota tiene ahora 20 años, cuando tenía tan solo 6 años su madre murió en un accidente de coche al volver del trabajo, volvía cansada de tantas horas mal pagadas para poder sacar adelante a una familia que había estado en un lugar bastante bueno pero que por no saber administrar cayó en la ruina.

Trabajaba en un almacén por las mañanas y en un bar de mala muerte de noche, su madre apenas tenía 26 años cuando una noche volviendo a casa con su moto se le cerró los ojos y se estrelló contra la quita miedos.

Ella casi no se dio cuenta pero fue una gran pérdida que acabo de hundir a su padre, con 30 años y viudo.

Así como muchos se podrían haber tirado a la bebida, a las drogas o a cualquier otra cosa, Ben sacó fuerzas y empezó con un nuevo trabajo. Cobraba poco pero tenía para cuidar de ella, la única hija de un matrimonio joven.

Con 15 años, hace apenas 5, su padre decidió que no podía vivir sin su amaba Julia, cuando la miraba veía en ella a su madre cuando empezaban a ser novios, no se sabe porqué, unos dicen que es porque Julia fue a visitar a su amado para decirle que lo echaba de menos, otros dicen que tras esa fachada de haber superado la muerte de su madre había un hombre hundido, el pueblo hablaba pero ella no hacías caso; su padre se quitó la vida, volvió al sitio donde su amada Julia perdió la vida y allí se dejó morir, el como nunca se lo dijeron a ella…

Una mañana, harta de limpiar escaleras y de recibir insultos de gente que llevaba tantos billetes en la cartera que les oprimían e impedían que les llegara la sangre al cerebro, dejó el cubo y fue decidida a intentar cambiar su vida, llevaba semanas escribiendo algo que pretendió fuera su biografía pero siendo tan joven pensó que no tendría resultado, la cambió un poco, le puso algo de suspense y la vendió como su primera novela.

Un agente que cogía a chicos y chicas jóvenes para intentar que fueran algo la acabó llamando, no era mucho lo que le ofrecían, solo 2000€ para empezar pero para Carlota ese dinero era una salida temporal de su trabajo de fregona.

Tardaron en aceptar su novela, pero cuando su agente le llamo para decirle que un editor se había interesado por su novela no pudo evitar llorar al pensar en que su vida iba a cambiar y que al fin podría llevarles un precioso ramo de flores a sus padres como el que hace años les pudo llevar gracias a su tía que es con la que vivía ahora.

 Celebró su éxito con su tía Sara a base de chupitos de tequila, risas, llantos recordando a sus padres y charlas.

Sara era la gemela de Julia, era soltera, una vez se podría haber casado pero su hermana le dijo que no tenía buen presentimiento, había soñado algo malo que no le pudo contar porqué a los 3 días fue cuando falleció.

 El que iba a ser el marido de Sara acabó casándose con una pobre chica a la que maltrató aun embarazada de sus 3 hijos, a causa de aquello uno de esos niños nació enfermo y acabó muriendo a los 3 meses; Sara le daba cada día las gracias a su hermana por haberla salvado.

Carlota empezó su nueva vida, sin lujos, simplemente puso al día el alquiler de la casa donde vivía con su tía, llenó la nevera y la despensa, fue con Sara a comprarse ropa nueva y la invitó a comer a un restaurante chino que para ellas era un lujo.

El libro fue comprado por la mayoría de la gente del pequeño pueblo donde vivían que contaba tan solo con 850 habitantes, la mayoría habían seguido los pasos de Carlota, había leido sus relatos en la revista mensual del pueblo, y lloraron con ella la muerte de sus padres.

Así pasaron 6 meses hasta que le propusieron hacer una firma de su libro, ya estaba escribiendo su próxima novela, esta vez algo más alegre aunque nadie sabía de que iba, solo se sabía que las protagonistas eran dos gemelas. La firma fue todo un éxito, fue gente de medio país, aún estaba en trámites pero el libro llevaba 6 meses a la venta y se emocionó al ver la tantísima gente que había ido a conocerla.

A la firma llegó un chico, se quedó el último, ya había anochecido, le dijo que quería hablar con ella, que entendía que era famosa pero que él no era ningún fan loco, ella rió al oír la palabra “famosa”, ni siquiera se había planteado el echo de que medio país había leido su libro, su vida…

Este chico se presentó como Andrei, tenía unos ojos azules penetrantes y un pelo negro brillante, era algo y atractivo pero tenía algo que le hacía diferente, una mirada limpia, sincera…

Después de que decidiera tomarse un café con él le estuvo contando que se había identificado mucho con su libro, había perdido a sus padres adoptivos con apenas 9 años, tenía 23 y lloró muchísimo leyendo aquella “novela”;

Carlota le confesó que aquella novela era su vida, que vivía con su tía, sus padres habían fallecido y decidió plasmarlo en un papel que acabó siendo la novela que la metió en el mundo de los escritores.

Charlaron y charlaron hasta bien entrada la madrugada, Andrei la acompañó hasta casa, se dieron el teléfono y prometieron llamarse. Su tía Sara se alegró pero la avisó de que podía ser que quisiera aprovecharse de ella, que tuviera cuidado.

Cuando Carlota presentó su nueva novela “Las gemelas” llevaba meses hablando con Andrei, habían echo una muy buena amistad, incluso él la ayudó a acabar su novela. Carlota no era una chica guapa, pelirroja, con pecas, un pelo largo y liso que la hacía parecer una niña, unos ojos verdes profundos y algo más alegres que hacía un año, alta y esbelta, y a veces demasiado tímida nunca había sido vista con chicos. Ahora la fama le había venido de golpe y temía que su nueva novela no tuviera éxito pero su tía le dijo que las historias de gemelas siempre gustaban a la gente.

Su agente la llamó a las pocas semanas de que saliera su libro, se habían vendido el doble que de su primera novela tan solo a 10 semanas de la publicación del libro, la gente había acogido a “Las Gemelas” con entusiasmo. Esta vez la celebración fue con Andrei, una cena que acabó en una petición poco común.

Andrei sabía que solo eran amigos pero se había enamorado de Carlota, no por su dinero ya que sus padres adoptivos le dejaron una buena fortuna ya que eran una de las familias más ricas de la ciudad de al lado, se había enamorado de sus letras cuando leyó su primer libro y había decidido que debía conocerla. Carlota no supo que decir y se fue corriendo. Cuando lo habló con su tía estaba nerviosa, le temblaban las manos, ella le quería y quería casarse pero estaba indecisa, no era más que una niña de 22 años recién cumplidos…

La boda se celebró en la pequeña iglesia del pueblo, radiante de blanco, la novia llegó del brazo del tío de Andrei, su tía fue la madrina. Una pequeña ceremonia, sencilla, con la gente más querida, aunque podían permitirse una boda lujosa, Carlota sabía que era humilde y nunca iba a cambiar por muchas novelas que vendiera.

El tío de Carlota estuvo durante toda la ceremonia lejos de Sara aunque estaba sentado en la misma mesa, la mujer, Susana estaba en casa recuperándose de un aborto. Era un hombre joven, apenas llegaba a los 40 años pero Sara lo conocía muy bien, era aquel hombre con quien se iba a casar y al final dejó plantado por consejo de su hermana; lo que nadie nunca supo fue ese hijo que tuvo y dio en adopción, solo lo sabía su hermana, y entre ellas quedó el secreto.

Acabada la boda Carlota y Andrei su fueron a su nueva casa, una pequeña casa de 3 habitaciones; justo al lado le habían comprado un modesto piso a su tía, no quería dejarla sola, era joven pero había sido su madre y su mejor amiga durante los años que vivió con ella.

Un día cuando Carlota le preguntó que porque odiaba tanto a Omar, el tío de Andrei, ella le contó la historia, la humilde escritora decidió encontrar a esa prima, ya que había sido una niña, con el dinero que había ganado de su última novela “Polvo en el viento” editada solo 3 meses después de su boda. La búsqueda comenzó por el lugar donde llevo Sara y Julia a la criatura, un orfanato a 400 kilómetros de su casa, había inventado una beca en una gran ciudad para ocultar ese embarazo, no quería criar a esa criatura, no quería que creciera con un padre que la golpearía como hacía con los hijos que había tenido con Susana. La niña resultó llamarse Laura, fue dada en adopción a una familia humilde pero buena, tenía ahora 19 años, estudiaba y sus padres eran un matrimonio de ancianos que la adoraban. Sara no quiso interponerse pero Carlota la fue a buscar, tan solo vivía a 10 minutos de su casa, resultó ser una fan de Carlota.

Se sentó a hablar con ella y sus padres, entendió que tenía una madre que la quería pero que entendía que tenía otra familia; Laura le dijo que desde niña sus padres le habían explicado que tenía una madre que la quería pero que no había podido hacerse cargo de ella, que algún día quizá podría buscarla. Para sorpresa de Carlota, su prima accedió a ir a conocer a su verdadera madre, lo cual fue una sorpresa para Sara.

Omar se enteró de que su “hija” había vuelto a conocer sus raíces y decidió dar la cara en casa de Carlota y Andrei.

No fue bienvenido ni siquiera por su sobrino que se había enterado de las palizas que le propinaba a su mujer, ayudó a Susana a que lo dejara y se fuera con sus hijos a empezar una nueva vida. Laura no quiso saber nada de su padre, había oído la historia y nada quería saber de tan cruel personaje.

Omar estuvo insistiendo durante días, quizá semanas incluso puede que llegara a meses; harto ya Andrei lo denunció, por las palizas a Susana, por el acoso hacía la tía de su mujer y la hija de ésta.

Entre tanto, Carlota había empezado con una nueva novela, la segunda parte de “Las Gemelas” donde narraba con un poco de fantasía, la historia de Sara y Laura. Las primas estabas siempre en contacto incluso Sara conoció al tío de su hija, Paul,  el hermano de su madre adoptiva, un chico poco mayor que ella que quedó prendado de su sonrisa nada más verla. Las dos familias se habían unido.

Pasado un tiempo, Carlota quedó embarazada, ya llevaba 6 novelas escritas, su tía se había casado y vivía en el pueblo donde estaba su hija, a apenas 100 metros de su casa, ella era su madre pero no quiso separarla de sus padres adoptivos.

Carlota tuvo a una preciosa niña a la que llamó Julia pero Omar que hacía tiempo que había jurado su venganza no la dejó disfrutar de esa niña y una noche aprovechando que Andrei estaba fuera entró en la casa con dos matones y robó a la pequeña Julia dejando a su madre malherida.

Cuando Andrei llegó recibió una llamada de su tío, debía ayudarlo a convencer a Laura para ponerle sus apellidos, para llevársela  a su casa, había dejado ir a Susana, necesitaba una mujer a la que poder maltratar cuando llegara borracho a casa. Andrei no se lo pensó, llamó a Paul para contarle lo sucedido y pedirle ayuda, el padre adoptivo de Laura escuchó hablar a Paul y decidió ir con él, era un hombre mayor pero no estaba dispuesto a que a su nueva familia le hicieran daño.

Juntos irrumpieron en casa de Omar armados para poder llevarse a la pequeña Julia, no pretendían hacer daño solo recuperar a la pequeña pero Omar los esperaba con dos hombres y aún más armado.

 Andrei buscó a su hija y rápidamente la sacó de allí, a él no lo esperaban y no tuvieron tiempo de reaccionar; Omar intentó dispararle por la espalda incluso con la pequeña en brazos pero Abraham, el padre adoptivo de Laura, se interpuso en el camino que había entre Omar y Andrei disparando a su vez al elemento que sin corazón, solo quería a su hija para tenerla de criada. Omar cayó, sus hombres asustados huyeron; Abraham tuvo tiempo a decirles a Andrei y a Paul que cuidaran de “sus chicas”.

Llegó al hospital pero solo tuvo tiempo de despedirse de su mujer y su querida Laura. Julia llegó a los brazos de su madre sana y salva, no dejaban de llorar viendo a la niña a salvo.

Abraham fue enterrado rodeado de su mujer y su hija que no estuvieron solas; tanto Sara, Paul, como Carlota, Andrei y la pequeña Julia estuvieron allí en todo momento con ellas, ayudándolas, sin evitar sentirse culpables por la muerte del padre de Laura, aunque ellas no los culpaban, él había muerto por salvar una vida como salvó la de Laura cuando la adoptaron.

Julia creció junto con su nuevo hermanito Ben, Sara tuvo gemelos a los que llamó Abraham y Paul; Carlota decidió dejar las novelas durante un tiempo para poder disfrutar de sus dos niños, ya tenía tras de si 12 novelas, podía permitirse el lujo de estar un par de años sin escribir nada. Andrei y Paul formaron una empresa que les ayudó a comenzar una vida fructífera para ellos y sus hijos. Ana, la madre adoptiva de Laura, murió a los 3 años de fallecer su marido pero su hija pudo darle la satisfacción de casarse antes con un buen chico, humilde y sencillo, amigos de Laura desde niños. Omar, que decir que no salió de aquella casa donde intentó frustrar la vida de su pequeña sobrina y de su propia hija.

La familia siguió pero quizá eso forme parte de otra historia… pero desde luego los ojos de Carlota nunca más tuvieron esa mirada triste de antaño, tristes, rojos, de tanto llorar, de tanto sufrir, ahora con Andrei y sus pequeños, su familia había podido sonreír de nuevo pese a todo lo pasado



2008

viernes, 3 de enero de 2020

Fuera de mi vida



31/12/2019

Dicen que la mejor forma de desahogarse es escribiendo cartas a todos aquellos con quienes tienes algún problema y luego quemarlas… Yo no las voy a quemar, es más, es posible que las envíe, al menos una de ellas. Y quiero acabar el año soltando todo lo que llevo…

Mi año no acaba bien, aunque, si me paro a pensarlo, pocos años míos han acabado bien, quizá cuando era pequeña, pero no. Y aquí viene mi primera carta:

A ti, que me pariste, aunque tú dices que ni eso supiste hacer porque fue cesárea. Según tú, las que hemos tenido a nuestros bebés por cesárea no hemos parido, y lo dices precisamente tú… Yo sí “parí”, di a luz a mi hija, tu nieta, por cesárea, y como bien sabes, los puntos y la cicatriz están ahí desde el primer momento, pero el mirar a tu bebé hace que se pase todo. Aunque hoy en día dudo que tú te sintieras igual. Tú, que cuando te enteraste que venía solo sabías llorar, no te alegraste cuando sabías que venía, era una carga, un suplicio. Pero ya estaba allí y no ibas a abortar, claro, tu marido no te lo habría permitido tampoco. A veces pienso que si hubiera sido hoy en día, quizá yo no habría nacido.

No recuerdo una caricia tuya, un te quiero, una palabra de aliento, un “me siento orgullosa”, apoyo, consuelo, nada, de ti, nada… Ni siendo niña, ni adulta. Tantas veces he hecho cosas pensando que te sentirías orgullosa, tantos esfuerzos que no han valido la pena, para ti, por ti, para escuchar de boca de mi madre una puta palabra de orgullo hacia mí, al menos sentir que servía para algo. Pero no, tu siempre me comparaste “mira tú prima, dentista, tu otra prima estudiando no sé qué, tu primo…” nunca fui suficientemente buena, ni suficientemente trabajadora, nunca fui suficientemente nada para ti. O al menos eso me has demostrado durante años…

Tuve que crecer de golpe, cuando mi padre y tú os separasteis. Mi único hogar era la casa de mis iaios, hasta que ella se fue y me vi perdida. Ahí empecé a ver lo que había, aunque sospecho que ya venía de antes y que me “perdí” muchas historias… Jamás te lo reproché, jamás te dije nada, me sentía orgullosa de mi madre que trabajaba , que tenía una vida dura y cuando te veía alcoholizada intentaba no culparte a ti, si no a la vida misma. Cuando te llevabas esos golpes que me dolían a mí también aunque no los notara ¿Sabes cuantas veces me interpuse entre tú y él para que no te tocara? Sin haber cumplido 10 años… Creo que nunca has sido consciente de ello. Yo tampoco lo era, hasta hace poco. Todavía intentaba quitarte culpa, hasta hace poco… Te vi borracha, golpeada, arrastrada, medio inconsciente, y al día siguiente te ibas a trabajar y yo pensaba que era normal pero ¿Sabes? No, no es normal. ¿Sabes qué es lo que más disfrutaba? Levantarme a las 7 para irme contigo a desayunar esos pasteles que hacían al lado de casa de mi padre, pasar ese rato contigo, hablar y reír, sin alcohol por en medio. Tu trabajo era protegerme, ayudarme, consolarme y enseñarme. Tu trabajo era fácil, pero no supiste hacerlo. Vi cosas que no tendría que haber visto, viví cosas que no tendría que haber vivido. Aun así, nunca te lo eché en cara, te defendí con uñas y dientes, no dejé que nadie hablara mal nunca de ti, incluso dejé de hablarme con mi padre por ti, lo denuncié por ti, y casi lo pierdo por ti… no por tu culpa, no, por la mía, pero por ti, porque te sintieras orgullosa, que me dijeras que lo había hecho bien, pero eso nunca llegó.

Tu siempre me has dicho que una madre quiere a sus hijos más que un padre, porque los lleva dentro 9 meses, porque los siente, los pare, porque son suyos… ¿Por qué tu no lo has hecho? Si, a tu manera dices, a tu manera no me sirve, ya no. Jamás consentiría que mi hija se sintiera así, que se vaya a dormir sin escucharme decirle te quiero, sin un abrazo, sin una caricia ¿Sabes cuantas noches me fui yo a dormir así, pensando que era lo normal?

Me fui de casa con 16 años porque pensaba que era lo correcto. A ti te molestaba en tu nueva vida, pediste la custodia ¿Para qué? Llegaste a tu nuevo hogar y me soltaste como el que suelta al perro en el campo, igual que cuando vivíamos juntas. Tu a trabajar y yo sola en casa, con 14 años, en un piso sin agua y ya te apañarás, y me apañé… Igual que me apañé cuando mi pareja me dio mi primera paliza, y la segunda, y las siguientes que vinieron y de las cuales nunca te hablé porque, pobrecita, ella ha vivido eso 8 años, no quiero que vea que cometí su mismo error, y porque estaba SOLA, tu no me tendiste la mano ¿Cómo es posible que tu marido lo supiera, medio pueblo lo supiera y tú no? ¿Cómo es posible que yo te lo contara llorando, cuando ya lo había dejado y no me creyeras? ¿Cómo me explicas que una madre no crea las palabras de su hija, habiéndola visto con el ojo morado? ¿Y cómo es capaz una madre de abrirle las puertas al que maltrató a su hija durante 5 años como si nada y tener el santo coño de llamarla y decirle “Adivina quien ha venido a verme”? ¿Sabes cuánto me costó poder ir a verte sin miedo? Sin esconderme, sin que me diera terror cruzarme con él y que me hiciera algo a mí, o a mi nueva pareja. Se ve que no lo sabes, ni las pesadillas o los ataques de ansiedad, de pánico. Hoy en día, casi 15 años después todavía tengo pesadillas. Pero es más fácil no creerme y pensar que es mentira, que él no me pegó y tú hiciste bien en no hacerme caso. Que no iba a verte porque “a tu marido le molestaba” y era justo lo contrario, eras tú, te molestaba a ti, como siempre te había molestado ¿Entonces para qué cojones me llevaste contigo? Haber hecho vida sin mí, quizá habría sido más feliz. Viví un infierno, infierno que tú conoces muy bien, pero te pusiste una venda sucia en los ojos y me dejaste a mi suerte, una vez más… Y entre tanto, a criticar a mi padre, a denunciarlo, a hacer que me distanciara de él, todo lo por lo mismo: el dinero… eso es lo único que te mueve, el dinero. Nací y me dejaste con mis iaios, por el dinero, vendiste el piso por el dinero, denunciaste a mi padre por el dinero, y no, no me jodas que fue porque él te denunció antes, perdona, hicisteis un trato y tú lo rompiste. El dinero siempre te ha llevado, incluso me echaste en cara durante años que yo firmara la paz con mi padre, porque según tú, me engañaron y te defraudé. Tú lo hiciste antes, durante y después y nadie te ha dicho nada. HASTA AHORA

No te recuerdo en ningún momento bonito. En mi boda tenías que ser tú la protagonista, por celos, tenías que sentarte a mi lado, por cojones, y así lo hice por ti, porque estuvieras contenta. Te dedicaste a comer, beber (sobre todo eso) y largarte a mitad del convite, como si fueras la típica tía que no se queda hasta el final. Por favor, te dejaste a los animales solos y eran más importantes que tu hija, que cosas… Estuviste criticando a mi marido durante meses, comparándolo con el hijo de puta al que le abrías las puertas de tu casa e invitabas a entrar aun sabiendo el miedo que tenía, y nunca fue bueno para mi hasta que lo dejé, claro, porque me fui con, según tú, un muerto de hambre con dos hijos. Ahí ya pasó a ser “la gallinita de los huevos de oro” y tu yerno predilecto, aunque él te conoce, por suerte…

Y estoy segura de que me dejé muchas cosas en el tintero, tantas noches esperándote, tantas fiestas del colegio a las que no viniste, tantas veces que me esperaban a la salida para pegarme y tú no estabas allí porque ya era mayor para volver a casa sola, no, me esperabas en el bar…
Y de mayor no ha sido diferente, ni cuando me ingresaron 15 días sin saber que tenía viniste, ni te preocupaste, encima me decías que eran todo imaginaciones mías… tampoco cuando me operaron, que estuvo mi pareja a mi lado y ¡Ah! Entonces ya era bueno porque no se movió de mi lado en 24 horas, ni cuando aborté, no me creíste, claro, es más sencillo no creerte esas cosas ¿Verdad? Porque en parte pasó por tu culpa, porque yo no iba a ser buena madre, me daba miedo ser como tú… Y cuando llegó Lucía lloré, mucho, y pedí perdón a ese bebé que no vino, le pediré perdón el resto de mi existencia, pero llegó ella y me prometí que jamás sería como tú, que jamás la dejaría sola, que la ayudaría, la apoyaría y la consolaría siempre, que siempre podría contar con su madre, y siempre sabría lo orgullosa que estoy de ella. Y nació, y tú no estuviste porque trabajabas, aunque nació sábado, pero no, era más importante tu vida. Nació tu nieta, tu única nieta, y tú no estabas, estuve sola, bueno, estuvo su padre y eso me sobra. Pero tú puto trabajo como madre era estar ahí, no solo nacía mi hija, nacía yo como madre y estaba asustada, y tú no estabas allí. Pero ¿Sabes qué? Nunca estuviste y te agradezco que me hayas enseñado a no ser como tú. Llegaste a los 10 días, ya ni el cordón llevaba, viniste a hacer el tonto, todavía me acuerdo ¡Tuviste que comprarte el vino en la tienda! Tantas señales durante años y darme cuenta ahora… No eres alcohólica, no… ni para conocer a tu nieta tuviste cojones de dejarte el puto alcohol y no oler a vino… Y ya ni que decir para cuando me volví a casar, y te jodió, si, lo sé, porque mi madrastra fue mi madrina, si, esa “hija de puta” que te robó a tu marido y que intentó hacer de mí una buena persona, ella fue la madrina de mi boda donde tú no estuviste ni puta falta que me hizo, y viniste al bautizo de tu nieta de puro milagro, otra vez la visita rápida, venir, comer, beber y pirarte ¿Para qué ibas a venir antes y ayudar? Nada, humo.

Ni siquiera mi enfermedad es importante para ti, saber que tu hija, cuando se quedaba con el cuerpo engarrotado no era por “gandulería” como tú decías, si no por una enfermedad que estaba ya ahí, que todos los dolores que tenía no eran inventos y ya tiene motivo. Pero, oh, perdona, tú estás peor. Si, lo estás, estás enferma, y no hablo de tu cuello. Hablo de tu corazón, que lo tienes negro de odio, de rabia y de envidia, de celos… Y criticas a todos los que tienes a tu alrededor, todos los que intentamos ayudarte, nos criticas a unos con los otros, somos mierda, somos malos, pero la buena cara nos la pones después, como falsa que eres. ¿Sabes cuántas veces has criticado a tu propia hermana, sobrinos, conmigo…? Muchísimas, y seguro que al revés también lo has hecho, y no me extraña que no quieras que nos juntemos todos porque ahí puede arder todo, si empezamos a hablar te quedas sola. No, perdona, ya lo estás…

¿Sabes? Te agradezco que me dieras la vida, que dejaras a mi padre, que no me pusieras impedimentos para irme de tu lado… Me alegro. No soy como tú, nunca seré como tú. Cometeré mil errores pero espero que mi hija jamás se sienta como me he sentido yo contigo. Que me han hecho falta 34 años para darme cuenta de quién eres y de que jamás seré buena para ti ni haré nada bien. Te crees que eres la única que sufre, la única que llora o lo pasa mal, eres tú, tú y después tú foto… Y no es así, el mundo es algo más que tú. Es tu hermana que necesita que la escuches y no critiques todo lo que hace por sus hijos, y de la cual deberías aprender, al menos en eso… Es tu hija que necesita, bueno, necesitaba una palabra tuya de alegría, de aceptación y no la ha tenido nunca, es tu marido que necesita que pongas de tu parte para que no acabes destrozando lo poco que te queda de salud… Fíjate, mira a tu alrededor… Yo ya no aguanto más y prefiero hacer borrón y que te quedes ahí, donde estás, que hagas tu vida y ya está. No quiero que mi hija te vea como te he visto yo, no quiero que vaya a verte y que te diga “yaya, te quiero” y tú te quejes de lo pesada o pelota que es, porque ella te quiere de verdad, porque no te conoce y no entiende que la criticas, si no, otro gallo cantaría, pero a mí me duele porque soy su madre y no te voy a consentir que le digas nada de eso, además que no vas a moverte para venir a verla, lo sé, es más fuerte tu orgullo y tus necesidades que tu propia nieta… Y te quedarás sola, he empezado yo, por mi hija, pero si sigues así acabarás sola, y yo no estaré el día que te quedes solas, aunque suene cruel. No estás hecha para vivir con nadie y tu marido se merece un altar por todo. Te mereces que te diga todo esto a la cara pero no me dejarías acabar, sería un triunfo para ti. Y cada vez que discuto contigo tenga rabia acumulada durante días, así que prefiero evitar lo que me causa esa rabia y eres tú. No has sido madre en ese sentido y como tal, no me llegas a la suela del zato, eres cruel, mala, falsa, eres solo tú en tu cabeza y no, no estás sola pero lo estarás. No te voy a consentir que jodas más mi vida ni la de mi familia, no todo gira en torno a ti...

Ya puedes seguir poniendo tus estados como quieras, fotos de gente a la que criticas, niñas a las que llamas feas, asquerosas o insoportables, sobrinos a los que has criticado y de los cuales has dicho burradas por vivir su vida y les has deseado otro tanto más, sigue así, la falsedad es tu escudo. A mí ya no me va a afectar más lo que tú hagas…
Solo tú eres dueña de tu propio destino, de tu final. Y la pena es que no sé si leerás esto algún día, pero deberías, igual así te reconcome un poco la conciencia por dentro y te das cuenta de lo que has ido haciendo durante estos años para que tu hija haya decidido que es mejor tenerte fuera de su vida…


miércoles, 6 de junio de 2018

Una historia de amor maternal







Os voy a contar una historia de amor maternal, una historia sobre el amor de una madre adoptiva que llegó a ser dañino, sobre todo, para ella...
Siempre me gustó que ella me contara cosas de su hijo, de cuando fueron a por él a Valencia, cuando lo adoptaron allá por el 1978. Años después me enteré que era un "niño robado" o eso decían.
Me contó muchas veces cuando lo trajeron a casa, que su nombre se lo pusieron por un actor de películas del oeste que a su padre le encantaban, me contaba que todo el pueblo se enamoró de ese niño de pelo negro, todos lo querían mucho, sobre todo su madre. Me contaba también mil y una veces que ella fue quien limpió sus primeras cacas, las negras, decía ella, el meconio. Que él jamás quiso saber sobre su pasado, que lo abandonaron, que lo dieron sin más. Y creo que eso le afectó, y tanta sobreprotección...
Ella siempre tenía palabras bonitas para su hijo, su niño, el que heredaría sus casas, sus tierras, el que les ayudaría con el campo, el que cuidaría de ellos cuando fueran mayores. Qué equivocada estaba mi pobre mujer. Siempre me sacaba fotos de cuando era pequeño, es más aún conservo una de su comunión casi 17 años después de que me la diera.
Él siempre iba limpio, perfumado, con ropa buena, ropa perfectamente planchada, chaquetas buenas. Nunca lo veías mal afeitado, nunca llevaba una sola mancha en la ropa. Se veía tan bien siempre. Se notaba que su madre estaba preocupada por el aspecto de su amado hijo y siempre decía una frase que, aunque os suene machista, ahora yo le repito a mi marido: Si un hombre va sucio, mal peinado, mal vestido o sin arreglar, las culpas siempre irán a la mujer, o en este caso, a la madre. Me lo dijo tantas veces que se me quedó grabado y en parte tenía razón porque así es la sociedad en la que vivimos.
Recuerdo cuando empecé a ir a su casa, yo tenía apenas 15 años, su hijo tenía ya 21. Siempre me decía que era muy joven, que vestía mal, que no me arreglaba. Entonces me molestaba, hoy en día quiero pensar que solo quería protegerme. Siempre fue amable conmigo, muy recta, muy madre y eso es algo que jamás olvidaré.
Creo que sobra decir que su hijo fue mi primer novio, aquel que conocí una noche, por el cual me interesé durante unas semanas y recogí información suya y el cual, al final, me acabó encontrando porque también me había estado buscando. Todo tan romántico, tan bonito... Al principio... Pero no quiero hablar de nuestra relación, no, hoy me apetecía hablar de esa madre...
Esa mujer vivió el no poder tener hijos, el adoptar a su hijo y protegerlo. Vivió el que su marido enfermara y perdiera la cabeza, de ser un hombre de campo, activo, amable, risueño, un buen padre, pasó a ser un hombre sentado en el sillón, al cual le escondían las herramientas del campo y las tijeras de podar por si se le iba la cabeza, al cual encerraban bajo llave en casa si se tenían que ir para que no se escapara. Tenía sus momentos de lucidez, y era un amor.
Aguantó que su hijo le gritara, le rompiera cosas, le robara, le mintiera, y podría seguir... Pero siempre fue su hijo, su amor.
Esa mujer, hoy por hoy, tiene todos mis respetos y aunque yo no acabara con su hijo como nos habría gustado, siempre la tendré presente.
Todavía recuerdo el día que la llamé, tras 5 años con su amado hijo, cuando me armé de valor para dejarlo y le conté que habíamos terminado. Le dije que lo sentía mucho pero que había roto con él. Me pidió por favor que no lo hiciera, que lo pensara, que por qué … Ella sabía perfectamente por qué, ya que lo vio, lo vivió, lo tapó y lo sufrió. Y sabía que si yo lo dejaba, él volvería a vivir con ella. No sé si aguantaría o no, yo solo sé que hui, pero no hubo un solo día que no la recordara y sé que ella a mi también. Dijo en el pueblo que ojalá su hijo me hubiese mantenido a su lado, que de saber que me iba a ir me habría atado con cadenas a su casa, que su hijo no iba a encontrar a nadie así, porque no podía, era incapaz de respetar y me consta que así sigue.
No sé que será de ella hoy, ni siquiera sé si vive, sé que su marido murió y me habría gustado llamarla pero no me atreví y llamé a su sobrina. Me gustaría mucho decirle que gracias a ella aprendí muchas cosas, crecí, maduré, y supe lo que era el amor incondicional de una madre, que aunque supiera lo que era su hijo, ella lo amaba más que a su propia vida.
Otro día, a lo mejor, me animo a hablar de él, aunque bueno, lo pasado, pasado está.

domingo, 21 de febrero de 2016

El principio de un cambio

Hay ciertos momentos en la vida en los que no puedes permitirte tener miedo o al menos mostrarlo.  Hay momentos en los que tienes que luchar por sobrevivir un día más y no puedes rendirte,  otros en los que debes demostrar que eres fuerte,  aunque por dentro sabes que no es así. 
Hoy no es ese día,  hoy tengo miedo... 
Miedo a acabar sola,  aunque tenga a mi niña,  miedo a no saber llevar mi nueva situación,  a sentirme inútil,  a que los demás no entiendan el porque de lo que me pasa.  Aunque el resto de la gente no me preocupa tanto como mi pareja...  Me ha visto siempre tan dura,  tan fuerte,  sin miedo a nada,  siempre tirando del carro y ahora...  Ahora me siento como una mierda,  y no quiero que deje de verme como hasta ahora,  que deje de ver la mujer de la que se enamoró.  Quiero seguir siendo fuerte por él,  por mi niña,  por mi...
Pero ese miedo está ahí...  Tiene nombre propio.  Quizá nada cambie,  o quizá cambie todo,  de un giro de 180 grados y ya nada sea como antes.
Solo espero saber sobrellevarlo todo,  como hasta ahora.
Igual es solo el momento,  a lo mejor me siento con fuerzas y arraso con todo a mi paso. No es la primera vez que resurjo de mis cenizas,  pero esta vez va a ser diferente...
En unos días empieza una nueva etapa.  No sé como voy a reaccionar,  no sé como la voy a superar,  ni siquiera sé si la voy a aceptar,  si me voy a "acostumbrar"  a cargar con un peso así...  Quisiera poder decir que no es nada y que realmente fuera así,  eso solo sería engañarme a mi misma.
Y lo peor es que ya lo tengo encima,  digo que empezaré el cambio en unos días porque será cuando sepa exactamente mi situación,  pero estoy notando los cambios desde hace unos meses y no quiero admitirlo.  Quiero achacarlo a otras cosas,  aunque, en el fondo sé que no es así,  sé que va haciendo mella... Pero voy a poder,  solo quiero seguir como ahora.
Mi mayor miedo sería perderles,  perderme a mi misma. ¿Y como se lo digo si siempre he sido la fuerte? No lo sé...  Quizá no haga falta






miércoles, 20 de enero de 2016

Bullying o la forma de joderle la infancia a un niño



La carta de suicidio de un niño de 11 años, me ha hecho recordar cuando iba al colegio... 
Al principio eran los "típicos"  insultos por el físico.  Digo típicos porque era lo común,  estás gordito,  te insultan...  
No saben hasta que punto puede hacer eso daño,  pero los niños son así,  todos dicen que son crueles pero pienso que eso se puede evitar.
No me gustaría nada saber que a mi hija la insultan en el cole,  pero todavía me dolería más que fuera ella la que insulta a algún compañero...  Ahí habríamos perdido las dos,  ella por su comportamiento y yo por no enseñarle el respeto hacia los demás.
Recuerdo que me quedaba al comedor,  comía con unas "amigas"  menos cuando les daba por insultarme e incluso escupirme en el plato de fideos.  Opté por esconderme en el baño mientras todos comían,  esperar a que salieran al patio,  y entonces me metía al comedor,  en una mesa en un rincón para que nadie me viera si pasaba por el pasillo,  les pedía a las cocineras el plato y comía...  Ellas me conocían y sabían que al acabar,  siempre las ayudaba a limpiar las mesas.  Es una pena que no advirtieran a los maestros aunque quizá  habría sido peor... 
Al final optaron por sacarme del comedor pero recuerdo querer morirme por no ir,  por no aguantar ese trato,  deseaba ser delgada como las demás,  deseaba ser aceptada. 
Esa época duró años...  No recuerdo un día sin insultos,  o sin un "a la salida te pego".
Se creaban círculos de niños que no te dejaban irte y al final pillabas hostias...  Hasta que un día la que las dio fui yo,  mi compañero acabó con un ojo morado,  yo con otro y encima expulsados...  Aún así nada cambió... 
¿En serio queremos eso para nuestros niños? Lo veo muy cruel...  Los padres dicen que se tienen que defender solos,  los maestros dicen que no pueden estar siempre encima y los niños viven atemorizados...
Yo dejé el instituto...  Los que me hacían la vida imposible en el colegio,  dejaron de molestarme en el instituto...  Un niño me robó el móvil  (hablamos de hace 16 años... Mi madre trabajando y me llevé el móvil por una urgencia...  El profesor estaba avisado) lo cogió y salió corriendo....  Lo perseguí y vi ese corro de niños animándome a pegarle al ladrón,  no lo hice,  le dije que no volviera a tocarme nada y me di la vuelta.  No quería ser una matona...
Mi hija tiene tiempo,  no quiero que sea una matona pero tampoco quiero una nota como la que se han encontrado estos pobres padres.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Enero 2015 Planes cancelados

Como te puede cambiar tanto la vida de un día para otro…
De ser una persona “independiente” que, aunque comparta su vida con otra persona, siempre va un paso por delante, que necesita su espacio, que le gusta salir sola, viajar, leer, la soledad y la tranquilidad. Alguien que lo tiene todo, tiene la comodidad de una casa y saber que podrá pagar el alquiler todos los meses, que podrá salir con sus amigos el fin de semana, que podrá hacer lo que quiera porque ella manda en sus decisiones…
De un día para otro dejas de compartir la vida con esa persona y todavía tienes más libertad… entras y sales cuando quieres y vives tu juventud como te gustaría haberlo hecho antes… Pero falta algo, hay un vacío que intentas llenar pero nunca acabas de hacerlo…
Tienes claro que no quieres otra relación… y que muchísimo menos quieres tener hijos. Lo que quieres es viajar, vivir, conocer gente y lugares, estudiar… para nada te atarías a otra persona y menos aún te atarías a un hijo, menuda responsabilidad, encima los niños no es que sean santo de tu devoción… ¿no? Si, decidido… si te quedas soltera pues nada, hoy en día no necesitas pareja para ser feliz…
El caso está en que un día cualquiera alguien se cruza en tu camino… alguien que en un principio es un soplo de aire fresco a tus aburridos días, alguien que poco a poco se va haciendo un hueco en tu vida, en tu mente y en tu corazón… Alguien que te hace ver la vida de otro modo, de un modo que tú conoces. Te hace replantearte muchas cosas porque su alrededor está lleno de cosas que tu no tenías previstas para tu futuro pero es tarde, ya te has enganchado a esa persona y no pues alejarte, te da igual lo que tenga a su alrededor, te da igual que no entrara en tus planes de futuro…
Pasa el tiempo y te das cuenta de que la vida no siempre sale como tú la habías planeado… Te despiertas un día sabiendo que vas a ser madre, eso que siempre dijiste que jamás harías y lo peor es que te hace ilusión… aunque lo escondes al principio quizá por miedo, quizá porque tu mente no estaba preparada, porque no estaba en tus planes… pero tú quieres serlo. Y siguen habiendo cosas que tampoco entraban en tus planes porque ahora, orgullosa, luces en tu mano un anillo de compromiso, un compromiso que jamás pensaste tener, un compromiso que te juraste que jamás tendrías… Ale, planes al traste… ¿O no?
Ahora tus planes tienen que contar con alguien más y te gusta, te gusta sentirte feliz, sentirte querida, te gusta notar ese burbujeo que crea tu bebé de vez en cuando, te gusta sentir como tu cuerpo va cambiando poco a poco y te vas sintiendo cada vez más ilusionada… Te gusta pensar que en un futuro alguien dependerá de ti, al menos parte de su vida… ¡Y tu no quería responsabilidades!
Como cambia la vida de una persona de un día para otro…

jueves, 30 de julio de 2015

Ella...

A veces,  cuando ella me deja tiempo,  la miro y pienso en lo que ha sido mi vida.  Pienso en los años que he vivido,  que no son muchos,  30 de momento,  pero me han dado para mucho. 
Me he mudado tantas veces que nunca estaba en mi hogar,  he recorrido tanto pero nunca encontraba mi sitio,  he conocido tantas personas pero creía que no conocería nunca a esa persona.  Pero la encontré y me dio lo más grande,  me dio su vida,  un hogar, un lugar,  una seguridad...  Y lo mejor porque jamás pensé que podría mirar a alguien como la miro a ella,  amar a alguien de la forma que la amo a ella,  ni pensar en que mi vida no tendría sentido sin ella... 
No quiero que pase lo que yo, aunque en el fondo eso me ha hecho ser como soy. Siempre me he hecho la dura,  siempre lo he sido.  Habrá cosas que yo no he tenido que ella si tendrá...  Tiene a sus padres unidos,  el calor y el amor incondicional de los dos,  aunque yo tuve algo tan bonito que ella,  en parte,  no tendrá. 
Tiene a sus abuelos,  pero no como yo...  Por desgracia unos no están y los otros están lejos,  aunque la quieran igual,  pero me gustaría tanto que sintiera lo que yo sentí de niña... 
Intentaré que estudie,  que viva,  que disfrute,  que no cometa mis errores y se vaya de casa con 15 años,  que hipoteque su adolescencia con alguien que no la valora, que la traten mal,  que no vaya como una pelota de casa en casa...  Intentaré que se sienta siempre amada,  que sepa que siempre la apoyaremos y la ayudaremos en todo,  que puede contar con nosotros,  que sea feliz,  que sonría,  que viaje...  Intentaré que le gusten los animales, le enseñaré,  como me enseñaron a mi,  el arte de la lectura,  su padre le enseñará el amor por la música,  que sea tolerante... Será libre de elegir su camino pero siempre estaremos ahí para ayudarla. 
Quiero que se sienta orgullosa de sus padres,  de si misma,  quiero intentar darle todo lo que yo no tuve. 
Pero ella decidirá su vida... 
De momento,  Lucía,  es un bebé de 7 semanas,  de momento,  su madre,  yo,  todavía llora al recordar la primera vez que la vio,  que la besó...  De momento está dormida,  o mirándonos y riendo.  Toda una vida por delante para que sea ella,  para hacerla feliz. 
Para amarla a ella y a su padre,  a los dos pilares de mi vida.  Porque en este mundo hay cosas maravillosas,  enamorarse es tan grande,  y que fruto de ese amor llegue esa personita que te haga sentir cosas que no puedes explicar,  un amor tan grande,  tan sincero,  el verdadero amor,  nada,  nada tiene comparación con eso,  ver la carita de tu bebé por primera vez,  su sonrisa...  No se puede explicar,  no hay nada en este mundo que se pueda comparar,  solo se puede vivir,  descubrir...  
Nada,  mi pequeña Lucía, nada tan grande como el amor de tus padres hacia ti...







miércoles, 18 de diciembre de 2013

Siempre








Esta canción dice mucho… es de las que más me gustan del disco.Cuando encuentras a alguien que te hace sentir así, que solo con una mirada ya sabes lo que piensa, que te hace reír hasta en tus peores momentos, alguien que, pese a todo lo malo, está siempre ahí apoyándote, demostrándote que la vida es algo más que tener el bolsillo lleno, que es algo más que la apariencia, que la vida son las pequeñas cosas, un abrazo, un beso, una simple mirada, una palabra. Alguien que ha sabido sacar lo mejor de ti hasta cuando tú misma has pensado que no podías caer más bajo, alguien que cuando no ves la salida del túnel te enciende una luz en tu camino… alguien como tú… porque estando juntos soy un poco más feliz…

jueves, 7 de febrero de 2013

Un pensamiento...



Como cuando te miras al espejo… ves esas marcas en tu piel por el paso del tiempo, por las situaciones vividas, porque eres así.

Cuando miras tu corazón lo ves, hay quien lo tiene entero, hay quien solo tiene medio, hay quien, como yo, lo tiene lleno de cosidos, remiendos, parches… Y no me canso… no aprendo, no entiendo porque siempre me pasa lo mismo, porque siempre tomo el camino equivocado, porque me falta el valor para buscar realmente lo que quiero, conseguir lo que mi corazón, lleno de parches, necesita y quiere.

A veces, aunque estés rodeado de gente te sientes tan solo que nada ni nadie te anima a buscar lo que te haga sentir mejor, crees que no lo mereces, que tienes lo que te toca y que no vas a tener valor de cambiarlo. Tienes un destino y es lo que te toca y lo tienes tan claro que nada ni nadie te hará cambiar de opinión.



¿Y cómo cambiar esto? Si lo supiera ya lo habría hecho

jueves, 17 de enero de 2013

Delgada









Por fin estoy como siempre deseé, perfecta…
Desde el momento en que vi que, por mi altura, debía pesar como mucho 60 kilos empecé un régimen estricto… también ayudó el que Jorge no se fijara en mí porque estaba gorda como una foca, tenía la tripa llena de michelines, los brazos gordos como salchichas.

Mi madre me decía que estaba bien, que no tenía por qué perder peso por un chico ¡mi madre no me entiende! No es solo por un chico, es por la ropa, es porque no me siento bien conmigo misma.

Al principio solo me quité de comidas grasas y de picoteos entre horas y conseguí adelgazar dos kilos ¡la dieta funcionaba! Pero pese a estar ya en mi peso ideal, seguía viéndome gorda, me daba asco, grasienta, fofa, hinchada… cada día más…

Un día en la universidad un chico se quedó mirándome, y empezó a hablar con un amigo que tenía al lado… seguro que estaba criticándome ya que justo en ese momento pasó Sonia… melena rubia y una delgadez espectacular, con esas minifaldas que solo ella podía permitirse poner, no era envidia, bueno, si… la envidiaba porque ella podía vestir como quisiera y yo con mis 57 kilos estaba aun muy gorda para poder ponerme esas minifaldas.
Al cabo de una semana, ese mismo chico se me acercó, me dijo que me veía diferente… ¿para mal? No, no, ¿Para bien más delgada quizá? Es posible… sigue así, estás muy guapa…
Ese día tendría que haberme tapado los oídos… habría sido todo mejor.

Al día siguiente me compré una báscula y busqué en internet las calorías de todo aquello que comía. Para comer hice una ensalada de un pepino y 20 gramos de escarola, 12 calorías… estaba bien para una comida… mi madre me obligó a comerme el lenguado (90 calorías) pero bueno… no importa, ese día no cenaría.

Podría estar relatándoos mis 3 meses de contar calorías… pero voy a contaros lo que realmente me hace ilusión, lo que hizo que todo mi esfuerzo valiera la pena, esos dos desmayos, uno de ellos en medio de una clase de historia, el otro en casa, sola, el no tener la regla, los mareos… pero todo eso y más valió la pena porque… ¡Jorge me habló!
Nos fuimos a tomar café esa misma tarde, no me importaban las calorías del café, total, luego podía tomarme mis laxantes, podía incluso permitirme una galleta dulce que me ofreció.
Le había dicho que me gustaba ¡como si fuéramos adolescentes! Él se había fijado en mí, sobre todo hacia un mes ya que le había gustado como me había quedado ¿en serio? Pues yo aún me veo gordísima… Estas palabras retumbarían en mis oídos para siempre cuando me dijo… “Bueno, Noelia, aunque eres una persona inteligente, guapa, simpática… yo, lo siento, pero te sigo viendo como una foca”
En ese momento salieron 3 de sus amigos de detrás de una mesa riéndose a carcajadas, Sonia incluida… la cual al momento de que Jorge chafara mis sueños, se acercó a él y lo besó…
“Nunca serás como Sonia…”
Sobra decir que salí corriendo de aquel local, muerta de vergüenza, con el corazón roto y sin otra idea en la mente que perder 10 kilos más y vengarme… ya pesaba 50kilos ¿qué iban a ser 10 más? Con un poco de esfuerzo lo lograría…
Estuve dos semanas sin ir a la universidad, me había bajado tanto la tensión que había estado hospitalizada, pero mi sorpresa fue ver entrar a Iván por la puerta de mi habitación… el chico que me dijo que me veía más guapa… el que me animó, sin saberlo, a perder más peso para gustarle al imbécil de Jorge.
- Te veo mejor… el otro día cuando te desmayaste en clase me asusté…
¿Acaso íbamos a la misma clase? No me había fijado… había tenido un accidente, eso sí lo sé… pero no volví a verlo desde entonces hasta hoy… quizá estaba aún ingresado pero no podía ser, iba con ropa de calle..
-  Iván… pero ¿tú no habías tenido un accidente bastante grave?
- Ah, sí bueno, pero al final mírame, aquí estoy y he venido a ayudarte pero me voy a ir que está a punto de venir tu familia y no quiero molestar.
No me dio tiempo a preguntarle qué clase de ayuda me iba a dar, desapareció y entró mi madre llorando como una magdalena… y yo me dormí…

Cuando salí de allí, omitiendo los consejos de esa doctora que me había dicho que tenía anorexia, seguí con mi dieta… Sonia estaba muy delgada aunque no me llegaba a la suela del zapato, yo quería estar mejor que ella.

Busqué a Iván por clase de Historia pero no lo vi, pensé que igual había dejado la universidad ya que yo iba algo atrasada por haber estado un mes en el hospital, tampoco quería preguntar, bastante tenía con que me miraran y me señalaran… si al menos fuera porque estaba delgada…

Pasaron un par de semanas, sin tener noticias de Iván, sin ver a Jorge, lo cual me ayudó bastante… y sin ver a Sonia ¿les habría pasado algo?
Al llegar a casa mi madre me sentó en una silla de la cocina y muy seria me dijo que Sonia, al igual que yo, estaba enferma, ella tenía bulimia… y en una de sus visitas al baño se le había reventado el esófago y había muerto, sola, en el baño de la universidad, entre clase y clase… dos horas se tiró allí, sobre el váter, rodeada de vómito y sangre…
Aquello me hizo pensar en Jorge y en Iván… ¿realmente valía la pena poner mi vida en peligro para gustarle a Jorge? No… pero… Iván había dicho… bueno, no importa… quiero llegar a 35 kilos.

Tras la muerte de Sonia, Jorge estuvo sin ir a la universidad un par de semanas, era su novia, supongo que algo le afectó, pero no tanto como yo creía cuando al acabar la clase de Filosofía se acercó a mí para preguntarme por mi salud..
- Sé que tú y Sonia compartíais algo…a mi Sonia me gustaba porque estaba buena… aunque tenía una mente algo retorcida pero era por el complejo que tenía, y que la destruyó… y tu… estás cada día más guapa y bueno… me preguntaba si quizá… me darías otra oportunidad…
No me lo podía creer… Jorge era un chico guapísimo, alto, moreno, ojos verdes, muy buen cuerpo… aunque no era muy inteligente… sus padres le habían pagado la universidad y hacía lo que quería… ¿me podría fiar de él? Su novia acababa de morir… me daba pena… acepté.

Había recuperado algo de peso con lo de Sonia, además hacía tiempo que no veía a Iván y había dejado los laxantes aunque aún seguía contando las calorías, pregunté por él en clase de Historia pero dijeron que desde su accidente no había vuelto.
Me puse para mi cita con Jorge, una camiseta blanca, una blusa… y unos vaqueros que me había comprado hacía pocos días y que me dieron una gran alegría al probármelos ya que estaban en la zona de ropa de niños… ¡¡lo iba a conseguir!! Ahora pesaba 40 pero llegaría a los 35 y más si Jorge resultaba ser un buen chico y no, como yo pensaba, un desalmado.

Cuando llegué al restaurante las piernas me temblaron al ver a Iván… me fui hacía donde estaba él pero en ese momento, Jorge se me puso delante. Hoy no iba a contar las calorías… pero iba a beber agua, me había traído los laxantes por si me pasaba, no quería desperdiciar la noche pero tampoco quería engordar. Cuando me giré de nuevo, Iván ya no estaba y la cena transcurrió bastante tranquila aunque Jorge parecía que bebía más de la cuenta.
Cuando acabamos de cenar, Jorge se ofreció a llevarme a casa, habíamos estado hablando de Sonia, de lo mucho que ella lo manipulaba, de lo fea que se sentía, de lo vacía que estaba… de que cuando murió estaba sola y nadie se dio cuenta de que se había quedado tirada en el baño y que más de una persona no es que se alegrara pero decían que era lo que le dijeron que le pasaría… mientras me hablaba de ella bebía y bebía pero estaba a 20 km de casa y sin apenas dinero… tenía que irme con él. Me pasé toda la cena buscando a Iván con la mirada pero no lo vi… y cuando me subí al coche de Jorge un escalofrío recorrió mi cuerpo al ver a Iván sobre la acera diciéndome que no con la cabeza pero ya no podía bajar, Jorge había arrancado y la imagen de Iván fue lo último que vi.

Vi una luz, brillante, cálida, hermosa… y delante de ella estaba Iván… ¿cómo podía ser? Me sentía flotar ¡¡que delgada estaba!! ¿Había conseguido mis 35 kilos? No… no podía ser… aquella noche había salido a cenar con Jorge, él había bebido, habíamos subido a su coche… y ya está… ¿me he muerto? Iván me cogió la mano y me llevó paseando sobre lo que había sido mi vida hasta aquel momento…
- Noelia, no me has visto… pero he estado ahí en cada instante desde que te conocí, cuando pesabas 60 kilos y ahora que pesas 40… desde mi accidente he cuidado de ti pero no puedo evitar que te subas en coches con borrachos y ahora voy a mostrarte tu vida…
No dijimos nada más, pasamos por mi nacimiento, había nacido muy grande, era una niña hermosa, rechoncha y rosada… mi bautizo… mi primer paso, mi primera palabra… todo tan rápido… tanto que llegó el nacimiento de mi hermano Pablo, ahí yo ya tenía 15 años y hacía poco había dado mi primer beso a Álex, ese chico rebelde que solo estuvo 3 meses en clase pero que caló hondo en mi corazón. Luego el instituto, mis amigas, cuando aprobé, cuando me aceptaron en la universidad y cuando crucé mi mirada por primera vez con la de Jorge y después… Iván.  Solo quedaba él… me abrazó, me besó… y desperté rodeada de mi familia, magullada y dolorida, vi a mi madre con lágrimas en los ojos a mi hermano Pablo casi sin saber que había pasado abrazándome, dormido sobre mi porque no se había separado de mi lado en toda la noche.

No quisieron decirme nada al momento pero Jorge y yo nos salimos con el coche por el puente y acabamos en el río, yo me golpeé la cabeza pero él salió disparado al no llevar cinturón… Jorge había muerto… lloré y lloré… pero me di cuenta de que no lo hacía por amor si no por la pena de ver que su novia había muerto y él también… de que no hubiese podido disfrutar de la vida… de que hubiese sido siempre una  fachada.
Ver a mi hermano sobre mí me hizo recapacitar y pensar en lo que realmente quería… quería estar sana, sabía que a Iván eso no le importaba pero… ¿dónde estaba Iván? ¿Por qué me había  acompañado en mi viaje por la vida? Quizá el subconsciente me jugó una mala pasada…
Me levanté como pude de la cama, arrastré el gotero hasta información y pregunté por Iván… aunque al principio no recordaba su apellido pero la enfermera supo decirme…
Iván había tenido un grave accidente, había estado unos segundos muerto pero lo habían podido salvar aunque llevaba 3 meses en coma…
Me derrumbé… yo lo había visto, no podía ser… corrí hacia su habitación y allí estaba, lleno de tubos, dormido… con su madre al lado hablándole. Cuando me vio, se levantó y me dijo
– Tú debes ser Noelia, pasa siéntate no tienes buen aspecto.
Estuvimos hablando todos los días mientras yo estaba ingresada, me contó que su hijo le había hablado de mi antes del accidente y que supo que estaba enferma, supo lo de mi accidente…
Una mañana cuando me dirigía a la habitación de Iván vi correr médicos y enfermeras… estaba en paro… ¡¡Iván estaba muriendo!! Corrí hacía su habitación pero no pude pasar, me arranqué el gotero, me tiré al suelo y gateé hasta poder entrar a la habitación pero al ver a Iván teniendo convulsiones me asusté y grité…
En ese momento volví a ver esa luz blanca, y esta vez era yo quien mostraba a Iván su vida, sus primeros pasos, su primer amor y me vi… paseando por el campus, contando las calorías que iba a comer ese día, me vi cómo me veía él a mi… me sentí como se sentía él cuando me veía, con mariposas en el estómago… con una mirada cálida… con amor…
Que tonta había sido… él me quería, tal y como era, no le importaba si pesaba 60 o 70 ¡me quería!

Cuando volví a la realidad, Iván me miraba, todos me miraban… todos me hablaban pero yo solo veía a Iván despierto, mirándome, llorando… lo habían salvado, había despertado de su coma, estaba bien, apenas ya sin heridas por el accidente (llevaba casi 3 meses en coma) estiró su mano, temblorosa, y agarró la mía… rompí a llorar, a balbucear, temblando y pensando en cómo podía haber estado tan ciega mientras a Iván le quitaban los tubos y le ayudaban a respirar por sí solo. Él me había estado cuidando desde su cama… en coma cuidaba de mí, y en vida iba a seguir haciéndolo porque cuando los médicos nos dejaron nos fundimos en un abrazo y un largo beso todavía más hermoso que el que me dio cuando estaba mostrándome lo que perdería si seguía  con mi estúpida manía de verme gorda…



Como decía al principio, por fin estoy como siempre deseé, delgada…  volví a mis 58 kilos, con ayuda de Iván… nunca más volví a contar calorías… y no sé cómo, ni porque pero… creo que el destino me tenía preparado este paso… tenía preparado el que Iván se cruzara en mi camino y me salvara… no quería acabar como Sonia y menos aún como Jorge

lunes, 15 de octubre de 2012

Crónica de un reencuentro







 Mis ánimos no estaban mucho por la labor pero sabía que me iría bien. Cuando mi “abuela” me invitó a pasar unos días en su casa no pude decirle que no, hacía mucho tiempo que quería ir y que ella quería que fuera a conocer su tierra, ella había estado en mi casa, ahora me tocaba a mí.
Me levanté sin muchas ganas de nada y preparé la maleta para coger el autobús de mi pueblo a la ciudad donde había quedado con una amiga en común que tenemos para verme con ella para Cádiz. Llegué ya de noche y algo cansada pero bueno, hubo buenas migas con la chica con la que me iba a venir, eso solo era el principio del viaje y de conocer gente estupenda.
Al día siguiente a las 7 y media sonaba el despertador y nos metimos en el coche camino a Cádiz, con pocos nervios, al contrario que mi “abuela” que estaba nerviosa perdida contando las horas.
Hay que aclarar que mi “abuela” es mi amiga y solo nos llevamos 3 años pero nos llamamos así desde hace tiempo: abuela y nieta.
El viaje fue bastante bien, escuchando Queen, Robbie Williams y Mecano entre otros, charlando, riéndonos… Cuando llegamos a la altura de Sevilla avisé a mi abuela para decirle que ya estábamos cerca, el momento se acercaba.
Cuando llegamos a Cádiz me quedé sin palabras al ver el mar; aunque yo nací en una ciudad costera siempre me ha impresionado el mar, en este caso el océano… Tan grande, el olor a sal, el puente que enlazaba con la ciudad que me esperaba… 
Aparcamos en la puerta del Mercadona a la espera de que llegara la cansina de mi abuela a recogerme ya que la chica con la que había viajado tenía cosas que hacer. Y por fin llegó, tan mona ella, con su cuerpo “recién estrenado”. Yo pensaba que cuando la viera me echaría a llorar ya que era lo que había estado haciendo los días anteriores pero no fue así.
Nos dimos un abrazo, dos besos y nos dirigimos a su casa para dejar los trastos, que todo sea dicho, menuda odisea con las dos mochilas en los autobuses, no sabía dónde meterme.
Cuando llegamos a su casa allí estaban sus padres esperando, que decir que la acogida fue genial y me abrieron las puertas de su casa como si me conocieran de toda la vida a pesar de ser la primera vez que nos veíamos en persona.
Descargamos trastos, comimos un poco (que me costó ya que llevaba casi 3 días sin probar más que un café con leche), me duché y nos fuimos a hacer la ruta en coche por Cádiz.
Tras dejar a la madre de mi amiga en el trabajo paramos en una playa a charlar y fumarnos un cigarro tranquilamente. Tras eso ¡Por fin! Pude conocer a la pareja de amigos de la que tanto había oído hablar. Fue mucho mejor de lo que esperaba ya que conectamos enseguida, es lo que tiene tener un lado un tanto friki… Estuvimos tomando café y charlando un buen rato hasta que seguimos nuestro camino. De camino a casa de los nuevos amigos nos encontramos unos imanes muy curiosos pegados en las juntas de las puertas de los coches… allá que íbamos nosotras haciendo ruta de coches para recoger los imanes de una tienda nueva de camisetas personalizadas (Si quieren propaganda que se la paguen jajaja) allá íbamos las dos “quinceañeras” cogiendo imanes, riéndonos y haciendo el tonto.
Tras la odisea imantada nos dispusimos a pasear por la Bahía… se podía ver el mar, lleno de barquitas a las cuales no sabía cómo se llegaba y es que hay una especie de barca taxi en el puerto la cual te lleva a tu barca amarrada en algún punto de la bahía. De fondo se veía la Torre de Puntales la cual yo no sabía que fue el escenario de un videoclip de Marisol que siempre me hizo mucha gracia. Seguimos por la bahía charlando y nos apeteció un helado… Estuvimos buscando un sitio donde poder comprar un helado y seguimos con nuestra ruta por la bahía haciéndonos fotos, riendo, recordando viejos tiempos y sincerándonos.
Tras todo esto volvimos a casa. Cenamos y estuvimos investigando por internet, mi amiga me enseñó el WoW intentándome enganchar pero ¡NO! Yo solo Popmundo… jajajajaja y tras un rato de charla y risas nos dormimos en una cama de 90. Nunca había sido oruga pero esa noche me convertí en una.
Al día siguiente, sábado, día de fiesta… ya haciendo planes desde el día antes para enseñarme la noche gaditana y cada vez con más ganas. Tras comer nos fuimos a tomar café a casa de los amigos que había conocido el día antes. Nos fuimos de cabeza al Mercadona a por unos tintes y para casa… tarde de tintes y más risas… otra cosa no, pero risas… uff!!!
Tras pringarnos todas las manos con el tinte llegó el momento de arreglarse e irnos de fiesta, fuimos a recoger a nuestro acompañante de esa noche y camino al autobús. Menuda fauna…
Al llegar al sitio nos encontramos con quien habíamos quedado y entramos al local, La Taberna Pirata, un local heavy de la noche gaditana, ahí me encontraba yo en mi salsa pero podía ver como mis amigos no estaban muy acoplados. ¿Qué pedimos? ¿Cerveza? Venga va, cerveza… ¡¡¡Mi primera cerveza!!! Como diría mi abuela… esto es muy gore… Fotos, cachondeo, un chupito de Jaggermeister y a seguir la fiesta, conociendo gente, charlando, paseando…
Acabamos en un local en el cual a que se sentía como pez en el agua era yo pero bueno, había que adaptarse y al menos no dejé de reír, las agujetas del día siguiente se veían venir.
La noche acabó muy temprano… casi íbamos a poner las calles nosotros cuando cogimos un taxi para volver a casa ya que, aunque Cádiz no es muy grande, no teníamos los pies para más caminata. El taxista nada más entrar al coche ya se empezó a reír y nosotros con nuestro rollo hablando de la noche que habíamos pasado, de las alarmas que saltaban, de los acercamientos indebidos que hacen que no sepas donde meterte. Al menos, le dijimos al taxista, no te ensuciaremos el coche ya que íbamos en perfecto estado… como los yogures jajajaja.
Una vez ya en casa el sueño tardó poco en llegar, con un par de amistades más en las redes sociales y un buen sabor de boca.
El domingo se presentaba tranquilo… a las 12 aún estábamos con las sábanas pegadas, al menos esa noche ni grité ni lancé cosas al suelo como la noche anterior que según me contó mi abuela me había estado peleando con alguien y lancé la almohada en medio de la habitación, a mí personalmente me habría dado miedo…
Nos levantamos a regañadientes, nos arreglamos y nos fuimos al encuentro de otra amiga que no había oído hablar de mi (modo irónico ON) fuimos a comer a un kebab entre charlas frikis y risas y acabamos en una cafetería irlandesa donde, en la máquina de tabaco, no había ducados rubio… manda huevos, pero bueno es lo que hay, por no entrar en otro local… Tras eso y un par de fotos nos fuimos a la playa a sentarnos en la arena a charlar y a seguir con las risas. Más fotos, más paseos… las vistas de la playa de la Victoria extraordinarias…
Al llegar a la parada del autobús para despedir a la amiga nos llamó la atención una corbata y no dejamos de reír. Y tras eso seguimos la ruta de aquella tarde que era jugar al Sing Star en casa de los otros amigos… yo no sé cómo los vecinos no tiraron la puerta abajo.
Estuvimos viendo el lanzamiento al vacío desde 39 kilómetros de Félix Baumgartner  nerviosos perdidos y yo pensando en que no se abriría el paracaídas y se abriría la crisma  o que el globo reventaría en cualquier momento, nada de eso... acabó en el suelo sano y salvo. Tras eso llegó el momento de desafinar, bailar y reírnos. Estuvimos hasta las tantas sin parar de cantar hasta que ya volvimos a casa, todo el día fuera de casa y sin batería en el móvil, ya estaba bien… Domingo redondo desde que empezó a las 12 de la noche anterior…