Se la encontraron por la mañana en la bañera, parecía dormida pero estaba muy
pálida.
Su compañera de piso se disponía a irse a
trabajar y la encontró allí, con la bañera llena de agua roja.
Aparentemente había conseguido empezar desde
cero, no tenía por familia más que una tía que vivía lejos, pensaba que con el
amor que había encontrado podría ser feliz pero no fue así.
Un alma se cruzó en su camino, un ave que
volaba libre, que no quería ataduras pero que la sacaba de su monotonía cada
noche, la hacía reír y ella pensaba que no estaba mal lo que hacía hasta que se
enamoró en ese mismo momento la cagó porque ya no era dueña de sus
sentimientos, de sus pensamientos y sabía que nada tenía que hacer con su ave
fénix porque él sabía de su condición y no quería más de ella que una amistad,
¿caricias, besos, abrazos? Quizá también ¿aprovecharse de ella? No… ella era
lista y sabía lo que había.
Dejaba volar su imaginación, el corazón se
puede partir en tantas mitades como él quiera ya que nadie manda de su propio
corazón. Un día lo vio con otra, ella sabía que no era suyo, que era nada más
que una fantasía pero aquello le dolió, él creía que estaba celosa, si podría
decirse que si peor tenía las ideas claras.
Nadie le dijo que esa ave renacía de sus propias
cenizas y que poco le importaba dejar corazones abrasados a su paso.
Se sentía mal, se sentía estúpida por haber
creído que su ave se habría quedado con ella para siempre.
Harta, dolida, triste, furiosa… aquel día
decidió que ella también quería ser así, libre… preparó su baño favorito con
sales aromáticas relajantes de melisa, se estuvo bañando hasta que el agua se
quedó fría pero le daba igual, lloró y lloró…
Su ave no sería para ella, ella tampoco sería
para nadie, había decidido que era mejor ser como él para evitar sufrir, lo
perdió, lo poco que lo tenía, lo perdió por estúpida.
Hoy ella es un ave fénix que renace de sus propias cenizas y hace lo que le
hicieron a ella, dejar corazones abrasados a su paso
4/10/2008

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