lunes, 15 de octubre de 2012

Crónica de un reencuentro







 Mis ánimos no estaban mucho por la labor pero sabía que me iría bien. Cuando mi “abuela” me invitó a pasar unos días en su casa no pude decirle que no, hacía mucho tiempo que quería ir y que ella quería que fuera a conocer su tierra, ella había estado en mi casa, ahora me tocaba a mí.
Me levanté sin muchas ganas de nada y preparé la maleta para coger el autobús de mi pueblo a la ciudad donde había quedado con una amiga en común que tenemos para verme con ella para Cádiz. Llegué ya de noche y algo cansada pero bueno, hubo buenas migas con la chica con la que me iba a venir, eso solo era el principio del viaje y de conocer gente estupenda.
Al día siguiente a las 7 y media sonaba el despertador y nos metimos en el coche camino a Cádiz, con pocos nervios, al contrario que mi “abuela” que estaba nerviosa perdida contando las horas.
Hay que aclarar que mi “abuela” es mi amiga y solo nos llevamos 3 años pero nos llamamos así desde hace tiempo: abuela y nieta.
El viaje fue bastante bien, escuchando Queen, Robbie Williams y Mecano entre otros, charlando, riéndonos… Cuando llegamos a la altura de Sevilla avisé a mi abuela para decirle que ya estábamos cerca, el momento se acercaba.
Cuando llegamos a Cádiz me quedé sin palabras al ver el mar; aunque yo nací en una ciudad costera siempre me ha impresionado el mar, en este caso el océano… Tan grande, el olor a sal, el puente que enlazaba con la ciudad que me esperaba… 
Aparcamos en la puerta del Mercadona a la espera de que llegara la cansina de mi abuela a recogerme ya que la chica con la que había viajado tenía cosas que hacer. Y por fin llegó, tan mona ella, con su cuerpo “recién estrenado”. Yo pensaba que cuando la viera me echaría a llorar ya que era lo que había estado haciendo los días anteriores pero no fue así.
Nos dimos un abrazo, dos besos y nos dirigimos a su casa para dejar los trastos, que todo sea dicho, menuda odisea con las dos mochilas en los autobuses, no sabía dónde meterme.
Cuando llegamos a su casa allí estaban sus padres esperando, que decir que la acogida fue genial y me abrieron las puertas de su casa como si me conocieran de toda la vida a pesar de ser la primera vez que nos veíamos en persona.
Descargamos trastos, comimos un poco (que me costó ya que llevaba casi 3 días sin probar más que un café con leche), me duché y nos fuimos a hacer la ruta en coche por Cádiz.
Tras dejar a la madre de mi amiga en el trabajo paramos en una playa a charlar y fumarnos un cigarro tranquilamente. Tras eso ¡Por fin! Pude conocer a la pareja de amigos de la que tanto había oído hablar. Fue mucho mejor de lo que esperaba ya que conectamos enseguida, es lo que tiene tener un lado un tanto friki… Estuvimos tomando café y charlando un buen rato hasta que seguimos nuestro camino. De camino a casa de los nuevos amigos nos encontramos unos imanes muy curiosos pegados en las juntas de las puertas de los coches… allá que íbamos nosotras haciendo ruta de coches para recoger los imanes de una tienda nueva de camisetas personalizadas (Si quieren propaganda que se la paguen jajaja) allá íbamos las dos “quinceañeras” cogiendo imanes, riéndonos y haciendo el tonto.
Tras la odisea imantada nos dispusimos a pasear por la Bahía… se podía ver el mar, lleno de barquitas a las cuales no sabía cómo se llegaba y es que hay una especie de barca taxi en el puerto la cual te lleva a tu barca amarrada en algún punto de la bahía. De fondo se veía la Torre de Puntales la cual yo no sabía que fue el escenario de un videoclip de Marisol que siempre me hizo mucha gracia. Seguimos por la bahía charlando y nos apeteció un helado… Estuvimos buscando un sitio donde poder comprar un helado y seguimos con nuestra ruta por la bahía haciéndonos fotos, riendo, recordando viejos tiempos y sincerándonos.
Tras todo esto volvimos a casa. Cenamos y estuvimos investigando por internet, mi amiga me enseñó el WoW intentándome enganchar pero ¡NO! Yo solo Popmundo… jajajajaja y tras un rato de charla y risas nos dormimos en una cama de 90. Nunca había sido oruga pero esa noche me convertí en una.
Al día siguiente, sábado, día de fiesta… ya haciendo planes desde el día antes para enseñarme la noche gaditana y cada vez con más ganas. Tras comer nos fuimos a tomar café a casa de los amigos que había conocido el día antes. Nos fuimos de cabeza al Mercadona a por unos tintes y para casa… tarde de tintes y más risas… otra cosa no, pero risas… uff!!!
Tras pringarnos todas las manos con el tinte llegó el momento de arreglarse e irnos de fiesta, fuimos a recoger a nuestro acompañante de esa noche y camino al autobús. Menuda fauna…
Al llegar al sitio nos encontramos con quien habíamos quedado y entramos al local, La Taberna Pirata, un local heavy de la noche gaditana, ahí me encontraba yo en mi salsa pero podía ver como mis amigos no estaban muy acoplados. ¿Qué pedimos? ¿Cerveza? Venga va, cerveza… ¡¡¡Mi primera cerveza!!! Como diría mi abuela… esto es muy gore… Fotos, cachondeo, un chupito de Jaggermeister y a seguir la fiesta, conociendo gente, charlando, paseando…
Acabamos en un local en el cual a que se sentía como pez en el agua era yo pero bueno, había que adaptarse y al menos no dejé de reír, las agujetas del día siguiente se veían venir.
La noche acabó muy temprano… casi íbamos a poner las calles nosotros cuando cogimos un taxi para volver a casa ya que, aunque Cádiz no es muy grande, no teníamos los pies para más caminata. El taxista nada más entrar al coche ya se empezó a reír y nosotros con nuestro rollo hablando de la noche que habíamos pasado, de las alarmas que saltaban, de los acercamientos indebidos que hacen que no sepas donde meterte. Al menos, le dijimos al taxista, no te ensuciaremos el coche ya que íbamos en perfecto estado… como los yogures jajajaja.
Una vez ya en casa el sueño tardó poco en llegar, con un par de amistades más en las redes sociales y un buen sabor de boca.
El domingo se presentaba tranquilo… a las 12 aún estábamos con las sábanas pegadas, al menos esa noche ni grité ni lancé cosas al suelo como la noche anterior que según me contó mi abuela me había estado peleando con alguien y lancé la almohada en medio de la habitación, a mí personalmente me habría dado miedo…
Nos levantamos a regañadientes, nos arreglamos y nos fuimos al encuentro de otra amiga que no había oído hablar de mi (modo irónico ON) fuimos a comer a un kebab entre charlas frikis y risas y acabamos en una cafetería irlandesa donde, en la máquina de tabaco, no había ducados rubio… manda huevos, pero bueno es lo que hay, por no entrar en otro local… Tras eso y un par de fotos nos fuimos a la playa a sentarnos en la arena a charlar y a seguir con las risas. Más fotos, más paseos… las vistas de la playa de la Victoria extraordinarias…
Al llegar a la parada del autobús para despedir a la amiga nos llamó la atención una corbata y no dejamos de reír. Y tras eso seguimos la ruta de aquella tarde que era jugar al Sing Star en casa de los otros amigos… yo no sé cómo los vecinos no tiraron la puerta abajo.
Estuvimos viendo el lanzamiento al vacío desde 39 kilómetros de Félix Baumgartner  nerviosos perdidos y yo pensando en que no se abriría el paracaídas y se abriría la crisma  o que el globo reventaría en cualquier momento, nada de eso... acabó en el suelo sano y salvo. Tras eso llegó el momento de desafinar, bailar y reírnos. Estuvimos hasta las tantas sin parar de cantar hasta que ya volvimos a casa, todo el día fuera de casa y sin batería en el móvil, ya estaba bien… Domingo redondo desde que empezó a las 12 de la noche anterior…