Me levanté sin muchas ganas de nada y preparé la maleta para
coger el autobús de mi pueblo a la ciudad donde había quedado con una amiga en
común que tenemos para verme con ella para Cádiz. Llegué ya de noche y algo
cansada pero bueno, hubo buenas migas con la chica con la que me iba a venir,
eso solo era el principio del viaje y de conocer gente estupenda.
Al día siguiente a las 7 y media sonaba el despertador y nos
metimos en el coche camino a Cádiz, con pocos nervios, al contrario que mi
“abuela” que estaba nerviosa perdida contando las horas.
Hay que aclarar que mi “abuela” es mi amiga y solo nos
llevamos 3 años pero nos llamamos así desde hace tiempo: abuela y nieta.
El viaje fue bastante bien, escuchando Queen, Robbie
Williams y Mecano entre otros, charlando, riéndonos… Cuando llegamos a la
altura de Sevilla avisé a mi abuela para decirle que ya estábamos cerca, el
momento se acercaba.
Cuando llegamos a Cádiz me quedé sin palabras al ver el mar;
aunque yo nací en una ciudad costera siempre me ha impresionado el mar, en este
caso el océano… Tan grande, el olor a sal, el puente que enlazaba con la ciudad
que me esperaba…
Aparcamos en la puerta del Mercadona a la espera de que
llegara la cansina de mi abuela a recogerme ya que la chica con la que había
viajado tenía cosas que hacer. Y por fin llegó, tan mona ella, con su cuerpo
“recién estrenado”. Yo pensaba que cuando la viera me echaría a llorar ya que
era lo que había estado haciendo los días anteriores pero no fue así.
Nos dimos un abrazo, dos besos y nos dirigimos a su casa
para dejar los trastos, que todo sea dicho, menuda odisea con las dos mochilas
en los autobuses, no sabía dónde meterme.
Cuando llegamos a su casa allí estaban sus padres esperando,
que decir que la acogida fue genial y me abrieron las puertas de su casa como
si me conocieran de toda la vida a pesar de ser la primera vez que nos veíamos
en persona.
Descargamos trastos, comimos un poco (que me costó ya que
llevaba casi 3 días sin probar más que un café con leche), me duché y nos
fuimos a hacer la ruta en coche por Cádiz.
Tras dejar a la madre de mi amiga en el trabajo paramos en
una playa a charlar y fumarnos un cigarro tranquilamente. Tras eso ¡Por fin!
Pude conocer a la pareja de amigos de la que tanto había oído hablar. Fue mucho
mejor de lo que esperaba ya que conectamos enseguida, es lo que tiene tener un
lado un tanto friki… Estuvimos tomando café y charlando un buen rato hasta que
seguimos nuestro camino. De camino a casa de los nuevos amigos nos encontramos
unos imanes muy curiosos pegados en las juntas de las puertas de los coches…
allá que íbamos nosotras haciendo ruta de coches para recoger los imanes de una
tienda nueva de camisetas personalizadas (Si quieren propaganda que se la
paguen jajaja) allá íbamos las dos “quinceañeras” cogiendo imanes, riéndonos y
haciendo el tonto.
Tras la odisea imantada nos dispusimos a pasear por la
Bahía… se podía ver el mar, lleno de barquitas a las cuales no sabía cómo se
llegaba y es que hay una especie de barca taxi en el puerto la cual te lleva a
tu barca amarrada en algún punto de la bahía. De fondo se veía la Torre de
Puntales la cual yo no sabía que fue el escenario de un videoclip de Marisol
que siempre me hizo mucha gracia. Seguimos por la bahía charlando y nos
apeteció un helado… Estuvimos buscando un sitio donde poder comprar un helado y
seguimos con nuestra ruta por la bahía haciéndonos fotos, riendo, recordando viejos
tiempos y sincerándonos.
Tras todo esto volvimos a casa. Cenamos y estuvimos
investigando por internet, mi amiga me enseñó el WoW intentándome enganchar
pero ¡NO! Yo solo Popmundo… jajajajaja y tras un rato de charla y risas nos
dormimos en una cama de 90. Nunca había sido oruga pero esa noche me convertí
en una.
Al día siguiente, sábado, día de fiesta… ya haciendo planes
desde el día antes para enseñarme la noche gaditana y cada vez con más ganas.
Tras comer nos fuimos a tomar café a casa de los amigos que había conocido el
día antes. Nos fuimos de cabeza al Mercadona a por unos tintes y para casa…
tarde de tintes y más risas… otra cosa no, pero risas… uff!!!
Tras pringarnos todas las manos con el tinte llegó el
momento de arreglarse e irnos de fiesta, fuimos a recoger a nuestro acompañante
de esa noche y camino al autobús. Menuda fauna…
Al llegar al sitio nos encontramos con quien habíamos
quedado y entramos al local, La Taberna Pirata, un local heavy de la noche
gaditana, ahí me encontraba yo en mi salsa pero podía ver como mis amigos no
estaban muy acoplados. ¿Qué pedimos? ¿Cerveza? Venga va, cerveza… ¡¡¡Mi primera
cerveza!!! Como diría mi abuela… esto es muy gore… Fotos, cachondeo, un chupito
de Jaggermeister y a seguir la fiesta, conociendo gente, charlando, paseando…
Acabamos en un local en el cual a que se sentía como pez en
el agua era yo pero bueno, había que adaptarse y al menos no dejé de reír, las
agujetas del día siguiente se veían venir.
La noche acabó muy temprano… casi íbamos a poner las calles
nosotros cuando cogimos un taxi para volver a casa ya que, aunque Cádiz no es
muy grande, no teníamos los pies para más caminata. El taxista nada más entrar
al coche ya se empezó a reír y nosotros con nuestro rollo hablando de la noche
que habíamos pasado, de las alarmas que saltaban, de los acercamientos
indebidos que hacen que no sepas donde meterte. Al menos, le dijimos al
taxista, no te ensuciaremos el coche ya que íbamos en perfecto estado… como los
yogures jajajaja.
Una vez ya en casa el sueño tardó poco en llegar, con un par
de amistades más en las redes sociales y un buen sabor de boca.
El domingo se presentaba tranquilo… a las 12 aún estábamos
con las sábanas pegadas, al menos esa noche ni grité ni lancé cosas al suelo
como la noche anterior que según me contó mi abuela me había estado peleando
con alguien y lancé la almohada en medio de la habitación, a mí personalmente
me habría dado miedo…
Nos levantamos a regañadientes, nos arreglamos y nos fuimos
al encuentro de otra amiga que no había oído hablar de mi (modo irónico ON)
fuimos a comer a un kebab entre charlas frikis y risas y acabamos en una
cafetería irlandesa donde, en la máquina de tabaco, no había ducados rubio…
manda huevos, pero bueno es lo que hay, por no entrar en otro local… Tras eso y
un par de fotos nos fuimos a la playa a sentarnos en la arena a charlar y a
seguir con las risas. Más fotos, más paseos… las vistas de la playa de la
Victoria extraordinarias…
Al llegar a la parada del autobús para despedir a la amiga
nos llamó la atención una corbata y no dejamos de reír. Y tras eso seguimos la
ruta de aquella tarde que era jugar al Sing Star en casa de los otros amigos…
yo no sé cómo los vecinos no tiraron la puerta abajo.
Estuvimos viendo el lanzamiento al vacío desde 39
kilómetros de Félix Baumgartner
nerviosos perdidos y yo pensando en que no se abriría el paracaídas y se
abriría la crisma o que el globo
reventaría en cualquier momento, nada de eso... acabó en el suelo sano y salvo.
Tras eso llegó el momento de desafinar, bailar y reírnos. Estuvimos hasta las
tantas sin parar de cantar hasta que ya volvimos a casa, todo el día fuera de
casa y sin batería en el móvil, ya estaba bien… Domingo redondo desde que
empezó a las 12 de la noche anterior…